Las lluvias torrenciales e inundaciones que azotaron la región de Valencia a finales de octubre dejaron un rastro de devastación, con precipitaciones históricas. La magnitud de los daños fue descomunal, pero en medio de la tragedia, emergieron historias de resiliencia y solidaridad.
Una de esas historias es la de Yolanda, quien vivió en primera persona el caos provocado por la tormenta. «Vivía en una habitación y me estaba cambiando a otra para mejorar mi situación. Íbamos en la furgoneta con todo cargado y vino el agua y se llevó todo», recuerda con tristeza cómo sus esfuerzos por rehacer su vida se desvanecían en un instante. «Me tuve que meter en un hostal, donde me cobraban 40 euros. No había agua, no había para comer caliente, ni para ducharnos. Íbamos a un parque y cogíamos agua con unas garrafas y nos duchábamos con agua fría», comenta sobre las duras condiciones que enfrentó en esos días.
Sin embargo, la solidaridad fue clave para su supervivencia. Después de perder todo, Yolanda buscó ayuda y consiguió alojamiento en un Airbnb gracias a Mensajeros de la Paz, «Me ubicaron en Sedaví, donde ahora me encuentro viviendo. Me pagaron el hospedaje y en todo momento me llamaban preguntándome qué tal estaba, si necesitaba algo», explica con gratitud.
Agradecida por el apoyo recibido, Yolanda no olvida la generosidad de quienes la ayudaron a seguir adelante, «si no hubiera sido por ellos, habría tenido que dormir en el parque», afirma. «Gracias a todos los que apoyáis a la gente que lo estamos pasando mal, gracias a todas las ayudas que llegan a Valencia, y gracias a asociaciones como vosotros», concluye, visiblemente emocionada.
El testimonio de Yolanda refleja no solo el impacto devastador de la DANA en Valencia, sino también la capacidad de una comunidad para unirse y superar la adversidad. Mientras las aguas se retiraban, la solidaridad permanecía, ayudando a tantas personas a reconstruir sus vidas.




